Tuya, tristeza
No pueden decirme que no me dejo llevar si cada día me invade la tristeza, me hace suya, me oculta en sus brazos, me duerme, Normalmente suelo estar tan cansada que me dejo hacer y me duermo antes de alcanzar a argumentar mis últimas palabras. A veces, desearía dormir un poco más, quizá toda la vida, pero ella me despierta, no la gusta ver mis ojos abotonados, mis pulmones encharcados, mi mente roja, ácida. Ella siempre se mantiene blanca, árida. Sé que volverá por mí, pronto, Sé que entonces podré seguir durmiendo. En sus brazos estoy segura, o eso creo. La felicidad es un invento social, y como todo, tiene truco. Con el tiempo me he acostumbrado a su esencia casi tanto como al calor que deja cuando se va, sobre todo al dolor de perderle a su causa. Pero con ella puedo escribir, escribirte, estar más cerca de las perseidas de tus ojos. No puedo decirme que no he podido elegirme antes que tomarla a ella, pero si la niego, si la imploro que se vaya, ¿qué ...