Ciento ochenta días de los ojos verdes
La culpa fue de los soldados, los edificios altos, las cuerdas al cuello, fueron las terceras personas, las redes sociales, y, por qué no, fue de la distancia. Fue mi sangre, los hospitales y la nieve, también ella fue. Fue el tiempo que hacía que no tenías una lengua en el ombligo y la mía era demasiado fría como para calentarte. Fueron los planes y el tiempo que ya no paso por tu casa. Fue, porque ya no, porque quizá nunca, aunque siempre estuvimos, Siempre estuvo mi sangre en las manos después de verte, la tuya coagulada en zona enemiga tras haberme rozado. Nunca fue tuya, aunque ojalá haber sido más mía. Nunca fue lo que no quisiste entender. Nunca fueron las mentiras porque tampoco hubo verdades, ni cartas encima de la mesa, ni valor. Tardaste tiempo en dejar que afirmase que no necesitabas complicación ni verdugo que te matase. Tardé tiempo en aceptar que mi mente no era la enferma. Por suerte, ya no genero anticuerpos contra mi misma, me he hecho al virus. Mis gló...