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Mostrando entradas de julio, 2017

Flores salvajes

He dejado de correr detrás de espejismos que yo misma hice tan reales que conseguí alimentarlos desde cerca.  Llega un momento en el que te piden que sueltes lo que llevas dentro esperando que salgan ángeles volando y acaban saliendo demonios contra los que no puedes luchar. Pero, supongo, que no te queda otra que cogerlos de nuevo y domarlos a tu gusto, por propia seguridad, ya me entiendes. Acabando por aceptar que, no eres tan mala como siempre te has pintado, ni te mereces vivir en silencio.  He conocido y desconocido cada parte de mí y de mi entorno casi toda mi vida. Por desgracia, a mí no supe alimentarme de cerca porque, o bien, no (me) quería o no me dejaban. En cualquiera de los caos, soy mi perfecta desconocida apunto de dar el salto a conocerme. Siempre me encuentro en ese punto, en verdad. En ese preciso momento de no saber qué paso dar, pero le doy. Me paso la vida corriendo. Imposible dejarme quieta. A pesar de no saber a dónde voy, me encanta estar perdi...

He vuelto a hacerlo.

3:13 Estoy despierta, otra vez. Hace tiempo que no puedo llamar dormir a lo que hago. Se repite el ruido. La pesadilla. El aire es frío aunque estoy sudando. Es julio, no esperaba menos. Es el entorno de hace años, quizá sea eso lo que me asfixia pero intento borrar eso de mi cabeza. Es mi casa, mi sitio, debería serlo. Estoy perdida, como en mis pesadillas. No sé cuál es mi sitio.  Cierro los ojos. Frío. Necesito dormir. Vueltas. La vida. Para de pensar, joder. No puedo. Me rindo. Lo he vuelto a hacer. Ahora estoy tranquila.  Cierro los ojos. Me duermo. 9:18 Siempre la persiana subida, demasiados fantasmas he visto ya como para que se me cuelen mas allá de los sueños, o de cada día que salgo a la calle. Estoy a salvo. Es una sensación rara. Como cuando te despiertas después de pasar la noche en la discoteca de siempre, misma bebida, misma gente, has olvidado donde dejaste las llaves y tienes la boca seca. Lo de siempre. Miro el lugar donde debía...

Ruido

Me declaro cómplice de silencios con todo aquel que me acompañe. Sin ventanas rotas. Sin atascos. Ni rutina.  Seamos claros, a día de hoy, el silencio está mal vendido y mucho peor comprado. Consideramos el silencio un ente incomodo que nos invade cuando no sabemos qué decir. Cuando en verdad, lo que tu mente maquina, es la respuesta mejor pensada de todas las que has dicho en tu vida.  Estamos rodeados de ruido. Seamos sinceros de nuevo, nos encanta el ruido, porque, simplemente, nos obliga a no pensar mientras él grita y aporrea nuestra mente para escucharle. Siempre le escuchamos, le perseguimos. Es algo así como nuestro amante favorito. Somos las damiselas en apuros que él rescata con su incesante aparición en aquellos momentos en los que decir lo que pensamos es más duro que acomodarnos en nuestro propio museo y callar para dejar que el super héroe venga a salvarnos.  Porque vivimos callados. Pero nos encanta. Seguridad, deseo, poder.  Me declaro cómp...