Ruido

Me declaro cómplice de silencios con todo aquel que me acompañe. Sin ventanas rotas. Sin atascos. Ni rutina. 
Seamos claros, a día de hoy, el silencio está mal vendido y mucho peor comprado. Consideramos el silencio un ente incomodo que nos invade cuando no sabemos qué decir. Cuando en verdad, lo que tu mente maquina, es la respuesta mejor pensada de todas las que has dicho en tu vida. 

Estamos rodeados de ruido. Seamos sinceros de nuevo, nos encanta el ruido, porque, simplemente, nos obliga a no pensar mientras él grita y aporrea nuestra mente para escucharle. Siempre le escuchamos, le perseguimos. Es algo así como nuestro amante favorito. Somos las damiselas en apuros que él rescata con su incesante aparición en aquellos momentos en los que decir lo que pensamos es más duro que acomodarnos en nuestro propio museo y callar para dejar que el super héroe venga a salvarnos. 
Porque vivimos callados. Pero nos encanta. Seguridad, deseo, poder. 

Me declaro cómplice de gritos para todo aquel que me dé alguna razón convincente para hacerlo. No vaya a ser que me rompa la voz gritando las locuras que nadie quiere escuchar. 

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