Amor muerto

Te perdí como se pierde aquello que no disfrutas lo suficiente y no sabes si quieres más o no haberlo tenido nunca.
Puede que no te quise lo suficiente o que demasiado no fue nunca lo justo.
Puede que no me quise a mí por intentar quererte a ti.
Te estoy perdiendo como Atenas perdió su cultura a manos de un dictador, los grandes locos tienen más número de masas detrás. 
Te estoy perdiendo porque nunca he sabido encontrarme, mi mente es ese lugar donde van a parar los silencios.
No hablaré de muerte, ni de mi, ni tampoco de nosotros. No quiero hablar de nada que me recuerde que sigues aquí.
Vivo de la mendicidad que me ha quedado, de lo que por caridad me echan de vez en cuando, de las migas de un amor que siempre fue y nunca estuvo. Nunca.
Hablo desde la mente de una demente que no cree que la tierra gire alrededor de nada, porque ya hay demasiada fuerza en tu ombligo como para sacarla de órbita y guardarla en tu cicatriz.
Hablo por hablar, porque ya desde hace un tiempo no canto , porque no son tus sueños los que calmo. No bailo porque nunca me miraste mientras lo hacía y ahora me siento vacía sin la esperanza de que algún día llegues a hacerlo.
Ya no sueño si no son pesadillas ,
te llevaste todo lo que siempre quise, la habitación blanca en medio de todo Madrid y ser la diosa del templo que tantas copas ha levantado ya. Y que me levantes.
Si al menos pudiera tocar tu mano una vez más, creo que podría parar el tiempo,
mis pupilas dejarían ciegos mis ojos que sólo lloran sangre,
mis labios rotos se cubrirían de un bálsamo que los haría dulces a los tuyos.
Sin quererlo te quise, sin esperar que fueras tú, siempre tú. Y sin embargo, nunca yo, nunca yo para mí ni contigo.
Ha cerrado la estación Sur de Madrid y con ella han cerrado todas las estaciones de metro por las que pasamos, se ha caído el puente , ya no pita ningún coche cuando ven que me besas.
Han cerrado los restaurantes, los bares, el hotel. Han rasgado los colchones, la ropa.
Han dejado de permitir usar el coche por calles oscuras.
Por si no te has dado cuenta, nada quiere que nos encontremos de nuevo.
Por si no te has fijado, te he echado yo y tú has acabado por aceptar la invitación.
Gracias. Por fin dejaste de ser tan cabezota como para insistir en que tenía que ser yo.
La Luna lleva días sin salir, lleva llorando 224 segundos que podrían ser horas, o quizá podría no ser nada.
Estoy roja de sangre porque mis manos no podrán rodar por entre tus pestañas.
Estoy llena de sangre porque mis ojos no pueden llorar en negro más tiempo.
Estoy vacía de sangre porque está siendo una despedida en silencio.
No estoy.
Ni la sangre.
Ni tú.
Ni nosotros.
Ni la tierra de mi tumba.
Ni la Luna.
Ni el loco tirano.
Ni mis pulmones.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Para no olvidarte

No hay milagro posible sin fe

Son solo palabras