Si olvido quién soy

 

Si algún día olvido quién soy traedme de vuelta únicamente mis manos. El resto son solo palabras.

Mientras apuro los últimos sorbos de ese café que lleva esperándome toda la mañana y me disipo entre el humo de las ultimas caladas del cigarro que no acabará conmigo pienso en que podría olvidar todo lo que he vivido y me sentiría aliviada. Imagino la paz al entreabrir los ojos una mañana y no sentir la pesada carga de un cuerpo del que no recuerdo muchos días en los que no le haya sentido cansado. Así como la leve sonrisa que supondría no recordar todas las manos que han pasado por él y de las que hoy negaría tres veces con tal de no volver a vivirlas. Imagino la libertad al no haber puesto un pie en la sensación de insuficiencia porque no os recordaría a ninguno, y, por ende, no os debería nada. Habría olvidado mi exigencia, de eso estoy segura, por cada vez que quise ser más que un cuerpo, una idea en la que pudierais sentir que os veíais reflejados, o al menos, comprendidos.

Si al menos pudiera olvidar quién he sido, no tendría que procurar perdonarme cada mañana por las decisiones de las que me convertí presa y hoy me suponen un lastre. Él me dijo que no es bueno olvidar quién se es porque estas condenado a revivir todos aquellos fallos que ya cometiste, pero ¿Qué pasa si no puedes mirarte a la cara sabiendo que eres el único responsable de los pasos que has dado? ¿acaso había yo apagado el sol? ¿por qué entonces tanta culpa?

Hasta hace nada creí haberme perdonado por haberme matado de hambre, sin embargo, pongo el pie fuera de mis sabanas y vuelve a mí la misma idea acerca de la perfección que rondaba sobre mis manos hace ya lo que podrían parecerme otras vidas. Vuelvo a sentir miedo. Con el tiempo aprendes a darte cuenta de la realidad de los miedos que sientes. Nunca es sobre lo que ocurre fuera, a pesar de que te hayan criado con la idea de ser un lugar inhóspito al que tantear. Aquellas lagrimas me hicieron comprender que mi miedo soy Yo. Supongo que será ese el motivo por el que la Niña se esconde cuando es la Autómata quien se mueve, y son ambas las que quieren ver morir a la Mujer que aún no ha nacido. Porque mi Niña no vivió la infancia de la que los niños hablan, y lleva sintiéndose abandonada desde que cortaron toda vía de sustento con la Madre. Esa Niña no sintió el dulce sabor al chocolate ni saboreo el tenue olor de las flores (en casa ninguna planta sobrevivía mas de una semana). Mi Niña no iba al parque, ni jugaba con la pelota, ella siempre jugó a ser muy mayor (alguien de éxito a quien recurrir sin posibilidad de olvidar su nombre; me sigue pareciendo mentira como en mi imaginación era un deseo y haya terminado viviendo como una cualquiera).

Creo que me salté algunos pasos en mi crecimiento, pasando de ser una niña a un intento desesperado de ser una mujer. Me maté de hambre el tiempo suficiente como para desdibujar un cuerpo y correr por entre la cuerda que unía una vida con la siguiente. No llegué a cruzarla, pero me mantenía ahí cada mañana. La mujer nunca llegaba. Era solo una niña sintiéndose incomprendida y abandonada. No es carne de articulo de periódico porque vivimos en un mundo en el que toda niña no quiere serlo en algún punto de su vida. Supongo que el problema se vuelve mas serio cuando la niña tampoco quiere ser mujer. Me siento yerma como aquella gran mujer que no podía engendrar, a excepción de que aquello que yo no puedo crear es la libertad que tanto anhelo. Me siento a punto de saborearla, pero al igual que aquellos años, trago saliva y veo cómo desaparece.

Años después me persigue el mismo sentimiento vacío que revela un oasis en medio de un paramo al que no he dejado de sembrar, pero a veces siento que nada crece. Entonces me pregunto, ¿soy Yo quién está vacía? ¿Por qué no puedo perdonarme y comprender a la Mujer que en mí habita para que sea ella quien me mueva? 

Sea como fuere, me gustaría olvidar quién soy, fingir no conocerme. Dudo que pudiera escucharte decir quién soy sin echarme a llorar, por lo poco que he querido o lo mucho que me ha dolido/ no ver ni comprender a este mundo, y tampoco a ti. Y lo peor de todo, no haberme mirado a mí ni un solo día de mi vida. 

Solo recuérdame mis manos, ellas sabrán reconstruir aquello que ignoré ser. 

Comentarios