Ciento siete lenguas
Escribo porque no estás en casa o quizá soy yo, que me han arrastrado a patadas de tu lado.
Me dejé llevar, por la indiferencia, por la curiosidad asesina; ha matado más gatos que acertijos ha dejado descubrir.
Se llevó una de mis vidas; no sé cómo siendo animal no lo vi venir, instinto de supervivencia.
Me escondo tras los rifles de los soldados que han matado inocentes portadores de ideas.
Aprieta el gatillo.
Si en algún momento llego a pedirte que me salves, será que no soy yo. Será algún efecto secundario de la sociedad que ha fabricado en mí un esclavo más.
Si en algún momento dejo que metas la mano en mi pecho y mires dentro, no te asustes del vacío. No huyas. Estarás viéndome desnuda, no es lo que querías?
Yo no pedí nacer y sigo aquí. Quizá porque me han obligado a buscar un motivo, quizá sea monotonía lo que me retiene. Es por la música, melodía, arte. Eres tú que te empeñas en mandarme señales para que no vuelva a casa todavía.
Qué más da.
Algún día acabaré en la azotea del edificio más alto y esperaré 36 segundos antes de tirarme. Debería bastar para que me encuentres.
Mi lamento se esconde en ciento siete lenguas muertas, por eso muero muda.
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