Perséfone
Estoy triste, como declaración de principios y de dolores.
La culpa es de los días que me saben a que te estás yendo a hurtadillas mientras los dos fingimos no saber lo que pasa.
La culpa es de este cansancio que arrastro con la pena que necesita alejarse de todo mientras los dos dejamos que lo haga.
Y yo, con ella.
Y tú, contigo.
He estado memorizando cada gesto, mirada, gemido y soledad, por si algún día se acaba. Por si el miedo gana.
Puedo jurar como declaración de principios para los finales, que,
nunca veré más bonita París que desde tu cama,
nunca odiare tanto el café como cuando te vayas,
nunca me sentí tan gata como durmiendo en tu pecho
Sin embargo,
esta vez aprenderé a irme a tiempo, aunque eso signifique odiar todas las canciones que escuché contigo,
odiar los días que acaban en te quiero entre un montón de gente,
odiar la ropa que fingi olvidar en tu casa,
odiar las noches en las que no sé si te estarás partiendo la cara por defender lo que quieres y que nunca más sea yo,
odiar los viajes en los que acabo dormida porque ya no hay manos que me sujeten y me hagan estar a salvo incluso yendo a doscientos,
odiarme a mi , por dejarte libre a ti.
Todo sea por ti.
El problema son los gestos que hace tu boca cuando te concentras,
los ojos de gato que pones cuando algo te gusta,
lo que me provocas cuando te muerdes el labio,
los sonidos de tu voz cuando te rozo, pero no el alma,
lo que hemos hablado y lo que me quedaría por decirte,
lo que estoy deseando saber de ti,
Aunque desde hace un tiempo, tú siempre callado.
Lo guapa que me veo a tu lado,
lo poco que aguanto que no estés conmigo,
lo jodidamente guapo que estás hasta cuando te crees que no,
lo completamente rota que estoy.
El auténtico problema soy yo, que he llenado mis manos de palabras, he secado mis ojos de lágrimas y he limpiado la sangre que dejaba siempre la tristeza,
Y he acabado más vacía que lo que me llenaron tus besos y más muda que las penas que he cantado al oráculo para convencerle de que cambiase el futuro.
Pa que tú no te vayas, pa que no te falte de nada a mi vera. Pa que algún día deje atrás toda esta pena.
Todavía me sigo preguntando qué ha tenido que pasarme para pasar de despertar a los muertos con mi vida a acompañarlos en su pérdida.
Supongo que siempre ha sido el amor el que me ha dejado ebria, colocada y rota.
Y yo que siempre me he dejado enredar en sus esperanzas.
Comentarios
Publicar un comentario