Disfraces para una mente rota (?)
Me quedé vacía.
Cada vez que me arrodillaba ante mi reflejo me vaciaba de
todo lo que había creado y me llenaba de lo que sería mi futuro en los
siguientes años, tristeza. Aquellos momentos se lo llevaron todo de mí. No me
arrepiento de lo que hice, me arrepiento de aquello en lo que me he convertido. Aún no
he encontrado la fuerza para cambiarme, ni para deshacerme del cadáver que
arrastro desde entonces.
Algunas veces
he conseguido disfrazar tanta pena, al menos, cuando estaba contigo. Te hice ver que la tristeza era pasajera, que podría sobrellevarla porque la normalidad había vuelto, aunque ella se apoderaba de mí con una intensidad que ni tu amor consiguió alcanzar.
Nunca me
entendiste, nunca lo aceptaste. Nunca me sentí tan pequeña.
Querías que fuese grande, pero me había reducido a mí misma
a unas cuantas palabras que brotaban cuando no te tenía ni a ti conmigo. Querías que dejase de lado lo que sentía, pero ni todos los placebos que me obligué a tomar supieron convencerme de que había más opción que esta.
No he
curado heridas, nada ha cicatrizado en mí. Sigo sangrando cada vez que me expongo a la realidad.
Nunca has querido verlo. No he sido capaz de echarme alcohol a las heridas para sanar de una vez, y todas las veces que bebía solo servían para ahogarme a mí. Nunca me sentí tan pequeña.
Todo lo que vino después fue una forma de hundirme más
hondo, aunque quise aparentar que había salido flote. Pareció que al fin había salido de mí misma, aprendí a alimentarme como si de una fiera a domesticar se tratase. Nunca llegué a hacerlo. Nunca me sentí tan
pequeña.
Siempre me he movido por inercia, nunca tuve la fuerza
suficiente fuerza para tirar hacia adelante por mí misma. Nunca he sido una
guerrera. Nunca importó que no lo fuera mientras lo aparentase. Ni siquiera sé de dónde salió la fuerza para ello. Si estaba vacía.
A mí me mató la pena que cubrió mi alma como si fuese un cáncer, se extendió por todo mi cuerpo haciéndome pequeña. Y ni todos los
disfraces que he querido ponerme en todo este tiempo han sido capaces de
esconderme. Ni Perséfone, ni la gitana, ni los lobos, ni los sultanes, ni los
dioses. Todo es mentira. Nunca me sentí tan pequeña.
Aún tengo esperanzas de salvarme, de conseguir echar tanta
pena, de reformarme. Aún creo que conseguiré escribir a algo que no sea a esta
ruina que llevo. Aún pienso en escribir sin que todo suene a irreparable. Aún quedan
esperanzas de secar las lágrimas, limpiar la sangre y hacer de todo esto,
blanco.
Mi tristeza se ha hecho enfermedad tan rápido que espero no
me mate antes de poder curarme.
Mi pena se ha hecho tan grande que no me salen las palabras
para deshacerme de ella.
Ya no puedo disfrazarme de nada más. No existen disfraces para esta mente tan rota e irreparable.
Nunca me sentí tan pequeña como cuando me quedé vacía.
Incurable.
Comentarios
Publicar un comentario