Le quiero pedir
Le quiero pedir al amor que se calle,
que lleva un abril demasiado lluvioso y se me han ahogado las flores que en su
día planté.
Me quiero pedir perdón a mí, por
no haberme dado cuenta antes que ese tipo de amor debía callarse contra todo
pronostico porque tenía que dar lugar a uno menos egoísta, el propio.
Le pido, al próximo amor que
llegue a mi vida, que me perdone por tener las puertas cerradas, pero es que el
tiempo me ahogó a mí y acabé huyendo en busca de rayos de sol, por primera vez,
propios. Y no te haces una idea de la luz que estoy encontrando.
Le pido al amor que agache la cabeza
y salga por la puerta que él mismo forzó para abrir y por la que hubiese
preferido salir yo con los pies por delante que quedarme dentro con el corazón en una mano, hecho trizas y en la otra el arma homicida. No sé si la soltó para
que fuese yo quien terminase lo que empezó, para que comenzase con él cuando la culpa le comiera
o simplemente para demostrarme, una vez más, que, para asesinas ya tenía mis
propias manos desnudas.
Al amor le pido muchas cosas, a
ti, mi amor, que no vuelvas.
Le quiero pedir lo que no se
pide. Le quiero hacer lo que no me han hecho. Le quiero dar lo que siempre quise tener.
Estoy aprendiendo muchas cosas.
Lo primero, me estoy aprendiendo
a mí. No vaya a ser que en una de estas mañanas raras me lleve algún viento y acabe
encerrada en algún maletero cuyo dueño piense hacerme olvidar cada gesto de mi
cuerpo por tener que recordar los del suyo cada día de lo que, podría llamar de
nuevo, muerte, me quedase por vivir.
Me aprendo por si el continuo cambio
en el que estoy me lleva de vuelta a casa.
Me estoy recorriendo centímetro a
centímetro, curva a curva, por si el coche del próximo amor que llegue a mi
vida se pone por meta borrarlas y que no sea a besos. Eso ya nunca más.
Lo segundo, los estoy aprendiendo
a ellos. No puedo ponerlos nombre porque sería nombrarte más de lo que ya lo
hago y eso me pone triste. Quizá algún día pueda olvidarlos, quizá algún día quiera
hacerlo. Aunque entiendo que olvidar cualquier parte de mi vida, por dolorosa
que sea, es olvidarme a mi también.
Entiendo.
Estoy entendiendo muchas cosas y
necesito más oídos que vengan a escuchar lo que tenga que decir, aunque sea a las
nueve de la noche de un abril lluvioso, con el corazón hecho trizas en una
mano, y, esta vez, un cigarro consumido en la otra. Necesito bocas que vengan a callarme para poder debatirme con una razón mejor.
Pronto dejara de llover, y yo seguiré
entendiendo cosas. Corro el riesgo de entenderme a mi misma sin que nadie más
lo haga, pero, a estas alturas, creo que es más que suficiente.
Quizá sea entonces cuando deje de
llover.
Al amor solo le pido una cosa,
como diría mi grandísima Irene X: “A mí, las puñaladas a los ojos, que vea de
lo que eres capaz”.
Comentarios
Publicar un comentario