Si los recuerdos matasen


Consolarte acusando a la vida de que podría ser peor es decirle al muerto que su suerte podría haber sido aún peor, podría acabar resucitando para volver a morir.

Hacerte fuerte porque las opciones se han reducido a pedazos es el modo de supervivencia que llevo conociendo durante los últimos meses. Me duele no haberme despedido de quién llevo esperando tiempo y tener que despedirme de otra parte de mí a punta de pistola, con mi cara en la pared pegada y viendo por el reflejo de mi iris el infierno. Los recuerdos retienen mi cuerpo, soy el soldado que fui en otra vida muerto de miedo que ha visto morir a su compañero a centímetros de él y no sabe si prefiere que la bala hubiese atravesado su cráneo y ser él quien hubiera caído al suelo con todo el peso de la vida, o si simplemente tendría que haber renunciado a llegar ahí cuando aún estaba a tiempo. El resultado es el mismo, se ha quedado quieto. Yo estoy paralizada, presa del pasado del que no me he despedido. El futuro se rompió hace meses.

No sé de qué madera estoy hecha. A los ojos de mi madre creo que el día que nací, el ciprés más fuerte se hizo pedazos para cubrirme a mí, desde entonces me acompaña el árbol de la vida, aunque sea la muerte quién realmente viene a mí cada día. A mis ojos, si algún día fui realmente resistente he roto todas mis raíces. Al resto de ojos, no les importa.

La pregunta del millón de dólares nunca fue uno de los problemas del milenio. Nunca fuiste tú, y nunca más seré yo. Nunca será solo una. Nunca me perseguirá nadie que no sea yo. Nunca tendrán respuesta, pero dime, ¿cuándo dejará de doler?

Llevo viendo al mismo pájaro volar hacia el mismo poste toda la mañana, lo que él no sabe es que en cada vuelo ha perdido algo de sí mismo. Joder, ¿cuánto perdemos sin saber que lo estamos haciendo y, lo peor, ¿cuánto dejamos de decir? ¿cuánto van a perseguirnos?

Llevo escuchando la misma canción en bucle toda la mañana, lo que yo sé es que es la única que ha conseguido sacarme unas palabras desde hace meses, lo que ella no sabe es que mañana, quizá antes, haya perdido su esencia y no vuelva a escucharla en mucho tiempo.

Llevo pensando en mi vida toda la mañana, lo que sé es que detrás de la pistola está todo lo que no he dicho apuntándome, lo que no sabe es que no sé cómo sacarlo y que solo estoy disfrutando del último caos antes de que apriete el gatillo y mi sangre cubra las manos de quién me sostiene. Por suerte para mí, hace tiempo me sostengo sobre mis manos, por suerte para ellas, me dejarán caer antes de que ocurra la tragedia.

Me he hecho responsable de este tiempo de mierda, porque me es más fácil cargar con la culpa que echársela a otro. La responsabilidad de mi vida es mía, porque darle mi vida a alguien más, eso nunca más.

Hasta donde yo sé, he perdido mi casa y mi sustento, la luz al final de, las ganas de, la vida en y las oportunidades de; hasta lo que ellos saben, nadie sabe quién es y posiblemente tampoco se lo haga saber, aunque sean esas mismas palabras las que me devoren.

Nada traerá a nadie de vuelta. Por eso a los muertos se les desea paz. Porque ellos mismos saben que no volverán, al menos no tal y como los recordamos. Y ya que nos pasamos toda la vida buscando paz y estabilidad mental, quizá sea ahí donde al fin la encontremos.

No sé de qué madera estoy hecha, pero sé que creo que a cada segundo perdemos más de nosotros, por eso hay que estar muy entero y muy lleno para que no morirte antes de tu muerte corporal.  Y, digo morirte porque no te matan, el suicidio es de las muertes más extendidas del planeta, aunque sigas paseándote por tu rutina cada día.

Todas mis despedidas han sido mudas, aún hoy guardo lo que quería haber dicho, solo que en esos momentos no piensas en que no vas a volver a tener oportunidad de mirar en aquellos ojos y desnudarte. Después de eso, solo te acompañan fantasmas. Por eso siempre estoy rodeada de tanta pena.

La sensibilidad y la humanidad también se despidieron sin palabras. Hay que aprender a soltar a tiempo. Las cuerdas son nuestro propio castigo. Masoquistas sin derecho, hilos rojos de esperanza acaban rompiendo más ilusiones que arreglando vidas. Tampoco importa.

La vida, la muerte y tú es de los pocos tríos en el que vas a participar, incluso aunque no lo quieras.

No se ha muerto nadie, aunque viva de luto, solo me estoy suicidando para volver a ser alguien algún día, si es que aún estoy a tiempo.


Podría ser peor, pero no sería mi vida, ni mi suerte, ni yo.

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