Hoy no quería escribirme a mí
Hoy no quería escribirme a mí. Apenas
puedo leerme.
Para ser la protagonista de mi vida
primero tendría que asumir el control, y ya que en los últimos meses se me ha
ido de las manos no puedo agarrarme ni a mis palabras. He aprendido que mi vida
no dejara de ser mía por mucho que quiera escurrir el bulto y hacerle
responsable a otro de mis cagadas. He descubierto que, seguramente, tenga que
quedarme con muchas palabras en la punta de la lengua porque no seré capaz de
escribir como me gustaría a ninguna de las personas que se pasean una y otra
vez por mi mente. Y yo, que con un nudo en la garganta me veo a años luz
de cualquier dimensión, dejo que mis palabras sean mías de nuevo. He aprendido
que no tengo ni idea de qué estoy haciendo con mi vida, y, posiblemente pase
demasiado tiempo hasta que encuentre un porqué. Por lo menos, hasta el ultimo
beso.
Es de las pocas veces que después
de rechazar el cariño y las palabras de todo aquel que me rodea, una palabra bastaría
para sanarme. Aunque fueran justo las que me he jurado no repetirle a nadie.
Me queda tanto que a veces me
siento tan poco y me abruma pensar en lo que está por venir, en cómo manejarme
a mí misma. Me duele atravesar momentos en los que mis emociones están por
encima de lo que soy capaz de agarrar y yo misma me desbordo sin mas consuelo
que mis manos, siempre ensangrentadas.
Necesito vivir otras vidas para poder verme distinta. La rutina ha matado a más hombres que su envidia por la vida del vecino o por perder al amor de su muerte.
Necesito vivir otras vidas para poder verme distinta. La rutina ha matado a más hombres que su envidia por la vida del vecino o por perder al amor de su muerte.
No puedo llamar casa porque he
vivido en la calle desde el primer momento en que mi vida no fue mía. No he
tenido nadie mas que a mi y aun así me he empeñado en alejarme; como perro
harto de comer el mismo hueso carcomido noche tras noche, babeando por el hueso
reluciente que podría, pero nunca tiene. Me he portado como una perra sin
hueso, sin hambre y con los dientes llenos de sangre que he olvidado dónde he
sido capaz de manchar.
A veces me pregunto, si no nos
perdonaran lo que hemos hecho a los demás y eso decidiera nuestra muerte… ¿seguiría
realmente viva? Otras muchas, sueño por entre las ramas de mi cabello con ser
el producto de algún desequilibrado mental que su inteligencia superior le ha
costado mi vida y la de algún que otro mal nacido. Alguna que otra vez me imagino
siendo dueña de mis hilos y cortando de raíz todo aquello que me quita la paz,
aunque solo sea un instante, pero verme a mi misma tan grande escuchando y decidiendo si esta vez mis actos costaran solo las noches en vela de
mi subconsciente o si también será mi madre quien sufra las consecuencias, me
resulta casi tan abrumador como absurdo.
Sea como sea, nunca suelo durar
en mi pensamiento el tiempo suficiente. Me asusto ante mi paranoia, pero no
puedo evitar anhelar entrar en otros mundos y quizá solo así ser capaz de imaginar
cómo sería si tú y yo. Si fuera menos yo. O menos tú. O menos los dos. Tengo que
controlarme. No quiero escribirme, ni escribir por ti.
Necesito sentirme mala para tener
la esperanza de ser buena en alguna otra vida. Necesito recordarme que mi alma será
de todo menos pura porque después de quemarme las manos en tu fuego necesito
arder por mí misma. Nadie va a juzgarme por ser mala porque vivo en un mundo
donde la maldad es precisamente lo que acaba siendo premiado, porque el amor
quedo en segundo plano y porque siendo mala no estoy siendo yo, y eso me da un tiempo
extra para la huida. Eso me permite huir de los mil tus que acabare diciendo a
lo largo de mi vida pero que nunca sabrán quién es cada uno. Puedo salir
corriendo de mi misma, y aunque me cueste mi propia idea, ganare en las vidas
que no dejare que me quiten. Soy una mal nacida porque me voy a morir sin haber
vivido cómo quiero.
Necesito sentir, por primera vez,
mi autoría de lo que otra persona pueda hacer o deshacer en mi vida, aunque sea
atando sus manos y siendo yo quien las ponga en los agujeros que nunca dejaran
de sangrar.
Hay hemorragias que son tan
internas como la idea de mi misma.
No podría contarte cuentos y fingir
que son las historias que no me trago, porque seguramente he terminado viéndolas
todas en versión original y blanco y negro. No podría sentarme a hablar con mi hermana
y mirarla a la cara porque no podría explicarla esta barrera. A veces ni yo
entiendo como lo he hecho para cerrarme tanto, pero lo he conseguido. Soy el hierro
que no penetra nada excepto el tiempo, la vida que no me da tregua, el contrarreloj
mas efímero de mi existencia. La vida. No me hace falta vivir para mirar a los
ojos a la muerte y recordarla que conmigo no tiene nada que hacer. Solo he
tenido que escribirla un par de cartas que, espero, algún día lleguen a quien
no he dejado de mirar a escondidas.
Me asusta no ser capaz de abrirme.
Aunque aún, no he encontrado razones para hacerlo. Ni razones, ni a ti. Cualquier
ti.
He terminado hablándome a mí. Soy mi razón de ser, al fin y al cabo, terminé perdiendo el resto de supervivencias.
He terminado hablándome a mí. Soy mi razón de ser, al fin y al cabo, terminé perdiendo el resto de supervivencias.
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