Cuanta profundidad para no ser transparente
Creo que pocas veces me he visto
tan guapa como cuando me siento a escribir. Diría que es la seguridad de saber
que en ese momento soy tan mía que ni partiéndose el tiempo podría cerrarme de
nuevo. La seguridad y la consciencia, la tranquilidad más bien, de saber que no
me mira nadie, posiblemente no lo harán nunca. ¿Puedes creerlo? ¿Perder el
momento más bello de alguien como si la vida no siguiera? Nunca vas a
encontrarme tan vulnerable como entonces, porque solo en esos momentos dejo de
ser quien ves para no ser nada. Y ser nada duele como serlo todo. Definirse,
definirme, definir esto es lo que me duele y lo que siempre pasara
desapercibido.
A veces me gustaría que las
personas pudieran verse por dentro, como si nuestro cuerpo fuera el escaparate de
la tienda a la que te paras cada vez que pasas por ahí, como si, el precio de esas zapatillas fuera a estar, un día más, más cerca de ti de lo que
lo estuvieron ayer.
Quiero que mi cuerpo sea transparente.
Quiero explicarme. No soy un objeto, no soy el cuerpo que visto, ni siquiera
soy eso que algunas veces me gusta presumir como si fuera el cuerpo que amo
cada día. Todo aquel que vea en mí una cara o un cuerpo puede irse por donde ha
venido porque no encontrara mas que decepción. Quiero que mi cuerpo no tenga
forma, solo el trazo de una figura pero que todo lo que se pueda ver no sea
ropa, no sea mi pecho, mi tripa o mi sexo. Quiero que se vea qué soy, cómo soy
o qué coño puedo aportarle a tu vida que no tengas ya y que te haga replantearte
qué has hecho para tenerme cerca.
Creo que la mayor parte de
situaciones de mi vida podría haberlas evitado si hubiera visto, desde el
principio y sin palabras, qué es lo que una persona puede o no aportar, ser o
no ser. A pesar de tener la intuición tan desarrollada como el instinto de
supervivencia del perro que te empeñas en acusar de asesino cuando son tus
manos las que se llenan de sangre; a pesar del sin fin de filtros que termino
poniendo cuando elijo a quién tengo a mi lado, no he dejado de sorprenderme ni
un solo día de mi vida sobre quien consideraba, considero y consideraré cercano,
o al menos, no extraño.
Quiero ser un escaparate. Quiero dejarme
de palabras que no llevan a ninguna casa. ¿Sabes cuándo he conseguido paz en
los últimos meses? En silencio y sola. Es curioso cuando tienes miedo de
sentirte solo, pero la costumbre de verte en ello te termina cambiando. He cambiado
tanto. Sería el escaparate más diferente de todos los que hubiera, porque cada día,
o mejor, cada momento, podrían verse cosas nuevas al igual que desvanecerse
muchas otras.
A veces creo que esto que me pasa es solo cosa mía. Ya no solo
porque he hecho de todo lo que siento un abrigo para mí misma, sino porque no sé
hasta qué punto estoy lejos de sentir como el resto siente. ¿Es realmente mi
sensibilidad superlativa?
Por eso quiero que vuestros
cuerpos sean escaparates. Quiero saber si veo personas o qué estoy mirando
realmente. Quiero saber, sin que me lo digas de antemano, tengo que decir que
no voy a creerte, quién eres. ¿Qué piensas cuando te fumas el porro con el que
buscas quedarte ko por tercera noche consecutiva sin que hayas conseguido siquiera parar el movimiento de tus manos? ¿Qué coño
piensas cuando él se aleja y no sabes si seguirlo mirando o si seguir tu vida
como si aquello no hubiera pasado? ¿Qué te pasa por la cabeza cuando miras al
cielo y no sabes a quién rogarle, el que?
Quiero saberlo todo. Y a la vez, no
quiero saber nada. Quiero aprenderme cada detalle de cada persona que sea
realmente quién es por lo que calla pero que se deja ver. Y a la vez, quiero
desconocerlo todo de todo el mundo.
El típico bastante tengo yo con
mi vida, ¿no? Es así como viven las personas. Por eso no paro de pensar si
realmente esto solo me pasa a mí. Condenada a hacer de tu vida la mía. Tener mi
vida y la tuya, y la tuya, y la tuya. Eso nunca más. ¿Hasta qué punto puedes
ser leal sin acabar siendo gilipollas? ¿Hasta qué punto puedo ser yo sin ser
yo? ¿Cuánto tengo que retener mi sensibilidad y hacerla creer que la madurez es
el clímax que debo fortalecer masturbándola cada día cuando tengo ganas de
llorar? ¿Cuánto tengo que matarme para olvidar olores y lugares? ¿Crees que si
sigo llorando secaré el agua de los océanos o me ahogare en ellos?
A veces creo que solo necesito
irme y dejarme de escaparates, de personas y de mi sensibilidad. Pero luego
pienso, y más allá de mi existencia se encuentra el mar, el destino al que sueño con llegar. La sensibilidad
a flor de piel.
Hoy me he fallado a mi porque he
esperado algo de ti, recalco la existencia de cualquier ti. Prometí que no volvería
a esperar nada de nadie que no fuera quien sostiene la carga en mis hombros. Pongo
las manos en mi cara, por novena vez esta noche, “ya no más, esta es la última
vez”.
Mañana se me habrá pasado. Y nadie
será un escaparate. Y yo no sé porque me hago esto. Ni por qué tanta
profundidad. Parece que necesite meter las manos en mi pecho y jugar con lo que
hay dentro hasta encontrar, ¿el que? He perdido la cuenta de la sangre y las
veces que he hurgado por entre mis costillas en busca de respuestas.
Comentarios
Publicar un comentario