Presa
Saco mi sabiduría de lo que leo; Sartre
y su náusea solo fueron el reflejo del quiero y no puedo que me lleva
persiguiendo toda la vida.
Empezaron mis días sin ti en los
ojos de qué sé yo quién y ahora los termino viendo en cada mirada que siento
sobre mis hombros.
Salgo de mi cárcel para meterme
en otra más profunda; vago por los rompecabezas que alguna parte de mi mente ha
creado para obligarme a estar alerta. He encontrado libertad cuando me han
quitado hasta el mínimo ápice de sol que pudiera hacerme salir de la catacumba
en la que caí. Vivir de la carroña de uno mismo para retroalimentarse. Instinto
de supervivencia. Solo seré libre cuando salga de esta casa.
Soy presa de lo que siento, de lo
que pienso, de lo que veo, incluso soy presa de lo que no digo. Presa fácil en
la mayor parte de las situaciones que yo controlo. En las que no, soy
escurridiza hasta el punto de no verme, ni yo. No puedes pillarme si yo llevo
mis cuerdas, al menos eso te repito con los ojos de cordero. Espero ser
degollada antes de verte.
Soy presa de las palabras de mi
madre, me han cazado y redimido hasta la saciedad; esa es mi náusea, mi cruz y
mi carga.
Soy lo que soy porque he decidido
serlo, podría haber sido mil personas diferentes, pero elegí, a veces, por
fuerza mayor, ser lo que no ves. Especialmente lo que nadie ve. Pero vivo
agradecida porque por lo que he vivido no creo ni una palabra de lo que,
incluso yo, digo.
He crecido entre gritos y llantos,
aunque no por y para mí. Es el secreto que he intentado aparentar con calma,
aunque últimamente no me callo ni teniendo su pistola en mi sien. A estas
alturas es lo único que me roza. Cuando dejé de ser una niña, los gritos siguieron
siendo gritos, supongo que fue por entonces cuando tomaron un tono diferente,
ahora también era una carga y la causa de. En el punto de mira, quisieron tomar
mis cuerdas para atarlas al reducido espacio que me dejaba su atenta mirada. Me
odia porque a pesar de quedarme callada nunca ha sabido cómo encerrarme.
He intentado mantenerme recta, excelente,
exigente hasta la náusea. Y hasta ella lo único que conseguí tener son traumas
imperfectos de mi arrogante perfección inválida. Sin embargo, para sus ojos, he
sido la niña mejor cuidada y la mujer mejor tratada que cualquier casa que se
precie podría conseguir. Para los míos, me persigue la desgracia de ser lo que
soy. Incapaz de mirarte a los ojos cuando te miento, incapaz de dejarte entrar.
Incapaz. Es la palabra que me ha perseguido toda mi vida y ni siendo otra
persona he conseguido dejarla atrás. Para mis ojos, quedarme muda antes que
ciega ha sido la solución a ti. Sigue pudiendo ser cualquier ti. Sigo
intentando quedarme sorda.
Sé que mañana, quizá antes,
vuelva a sentirme capaz de odiarte. Quizá antes de que aquel pájaro que lleva
toda la mañana sobrevolando mis manos llegue a su nido, habré superado la náusea.
Hasta entonces la sangre se ha hecho carne y mi pena se ha hecho mía. Me siento
triste porque me siento incapaz. La incapacidad de ser, o más bien, de saber qué ser, me amarga. Estoy mejorando, al menos hoy sé definir mi
tristeza en una palabra. Me siento incapaz porque me siento vulnerable y presa.
Me siento presa porque conozco a mi cazador. Sé que siempre pierdo y no hay
escondite para unas lágrimas tan pesadas. Voy dejando huellas con la sangre que
cae por mi frente hasta llegar a mis labios.
A las 2.36 tocaron mi sien y fue
lo ultimo que recuerdo antes de la náusea. Controla tus emociones, me repito.
Me sigue sorprendiendo no ser
capaz de leer lo que escribo, como si diciéndolo en voz alta fuera a hacerse
mas real, y quizá, insoportable.
Comentarios
Publicar un comentario