Lo mucho o lo poco que queda de ti


Llevaba tiempo sin escribir, aunque no he parado de desdibujar ideas, posponiendo el momento para darles la forma como para exponerlas ante mi público; mis ojos. Intento siempre alargar el momento en el que la carga caiga sobre mis hombros. La fuerza se ha hecho a mí tan pura como la tristeza.

Guárdame el secreto: a veces, tengo la sensación de que sólo es real si lo vivo escribiendo, como si fueran mis palabras las únicas capaces de dar forma a esta sombra que a veces parece rodear la bruma que es la vida. Quizá yo no sea real porque nadie me ha escrito.

Por mi parte, me siento orgullosa de haber definido algunos amores y desdichas, malqueridas y diablos, los buenos y malos, y, por supuesto, a ti, mamá. Siento no haber conocido otra forma para daros vida que no sea con lo que provocáis en mí. Soy, la mayor parte del tiempo, un corriente de ideas que vienen y van. A veces, llegan a atormentarme; otras, me aclaran tanto como mirarte las pestañas apoyada en tu pecho. El caso es, que, este torrente de sentimientos y de ideas consiguen, muchas veces, impedir que distinga entre lo que es real y lo que, por alguna razón que aún desconozco, se me escapa entre las yemas de los dedos.

Soy racional en la justa medida que me permite la experiencia, el resto es todo pasión que acaba pasando factura. Es justo mi experiencia la que frena mi pasión cuando el precio se va a volver lo suficientemente incosteable como para tener que acabar mendigando un amor de segunda. El sueño se vuelve inconciliable y su llanto ensordecedor, al menos, durante un tiempo, lo justo, como para parecer una eternidad. 

A pesar de haber fantaseado con otras vidas lo cierto es que estoy aprendiendo a vivirme en la mía. Desde que te has ido intento darme todo el cariño que me he estado negando en las vidas que llevo malviviendo. Como si viviera enfadada no sólo con el mundo si no también conmigo. Pero, intento perdonarme ¿sabes?

A veces mi cuerpo se siente cansado entre tanta penitencia insulsa a la que me someto en la rutina; otras es mi cabeza la que se lamenta de haberme permitido el beneficio de la duda. Todo se han vuelto preguntas que debo responder yo misma. Qué locura. Si todo lo que sé lo aprendí mirando y me llenaba las manos de sangre tapando mis ojos cuando la bruma se hacía real.

Cuando necesito un abrazo recuerdo nuestra ultima noche, la siento cerca, aunque cada vez haya más distancia entre ella y yo. No quiero olvidar aquello. Estoy enfadada conmigo porque, de nuevo, suponiendo, creo que para ti no significó nada. El caso es que mientras dormías y me abrazabas, con tus suaves movimientos me buscabas, despertándome, consiguiendo que recordara que no podría dormir mucho mas y que mantuviera los ojos abiertos. Me hubiera quedado a mirarte. Fuiste casa, yo, que no duermo en ninguna cama que no lleve mi esencia, dormí unas horas como si llevase toda la vida durmiendo entre tus brazos. Me sentí desnuda y, libre.

Cuánta importancia ha adquirido la libertad en los últimos meses. 

Cuánto de subjetiva se ha vuelto la medida del tiempo cuando entiendes la realidad de la eternidad y su paradoja con los segundos.

El caso es que no quería escribir esto porque lo tenía guardado en mis recuerdos, y ahora, que se ha hecho real tengo muchas posibilidades de olvidarlo o distorsionarlo, o qué sé yo que podré hacer con una realidad que se vuelve difusa. Fíjate, aquí, se me ha hecho un nudo bajo la garganta.

Sin querer me has enseñado mucho. Me has brindado una oportunidad para dármela a mi misma. Y ya era hora. ¿No? Voy a echarte de menos todos los días que te recuerde. No quiero ponerle fecha porque no sé cuánto más me van a durar los nervios cada vez que paso por tu casa o por donde sé que podría encontrarte, solo que ya no sé la hora. Tampoco sé cuánto me queda de duelo, pero sé que, como el de Bernarda, será riguroso. Y real. Voy a vivir el dolor como muchas veces me lo he negado, solo para construir mi libertad. Son muchos dolores guardados intentando que mueran solo de no alimentarlos. Aunque, para mi pena, el dolor se alimenta de la energía que procuras gastar en los placebos con los que llenas el vacío que deja la rabia y la duda. 

Por si no vuelves nunca, ya te he definido. Te he hecho real. Ya nunca podrán negarte la existencia, y aunque te maten, no dejarás de ser un destello. Aunque a veces sienta que no lo merezcas. 

Sabía que tendría que volver a escribirte, lo que no sabía es que fuera a ser tan pronto y que iban a ponerse de por medio los días que hace que no sé de ti. Tenía la breve esperanza de que lo siguiente que dijera sobre el tipo sin nombre que me acogió en su casa es que había empezado a mirarme con el brillo que le sigue donde vaya. No pensé que fuera a tener que echar de menos tu mirada. 

Hoy, mientras estaba en la terraza me he quedado observando a mi vecina, que, a pesar de las arrugas de sus manos y con su anciana fragilidad, ha cuidado de sus flores como si fueran su tesoro más preciado. Me he puesto a imaginar cómo sería su vida. ¿Cuál será su bruma o su realidad? Por un momento, todo el ruido ha desaparecido. Solo estaba ella y sus flores.

Fíjate, todavía parece verano y parece que vayas a volver.

A veces siento que no te entendí como debía. Estoy condenada a no mirar tus ojos, a no sentirte acariciando mi pelo, a no escuchar tu risa por encima de mi pecho fumando la mejor de tus cosechas. 

Fíjate, esto es todo lo que me queda de ti. Un eterno nudo en la garganta. Y ni yo sé cuántos segundos es eso. 



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