Flores, Mujer


He creado a la Mujer idílica que quiero ser. La llevo aquí, entre la maraña de ideas que me quita el sueño, y a veces, hasta el ánimo para llevarlo a cabo, pero está conmigo. Tengo claro que esa Mujer no es la Mujer que soy hoy y muchísimo menos la que fue ayer, pero sé que será la Mujer que crecerá en sus tiempos y marcará los momentos para no dejar de cambiar en ninguno de ellos.

No sé cómo ni de dónde ha salido esta valentía por hacerla vivir cuando el miedo me ha parado durante tanto tiempo que dejé que me definiera hasta parecer mis actos la sombra de sus decisiones, pero estoy dispuesta a dejarme el alma, nunca la piel sabes que yo no tengo de eso, en desvivir a esa Mujer.

Puestos a esconder realidades quiero mostrar la mía. La Mujer que era hace un año se me ha hecho una completa desconocida, apenas podría mirarla a la cara sin antes decirle cuatro cosas. Algunos días se esfuerza en hacerse ver, pero, y siento tener que decirlo así, la he aborrecido. Quizá no haya visto tanto pero sí he sentido lo suficiente como para darme cuenta de que tengo la capacidad, a veces quizá exacerbada pero latente, acerca de mi inteligencia emocional, y, como toda capacidad innata, regalada, me siento en la obligación e incluso necesidad de cultivarla, sentir mi pecho florecer como cuando soy capaz de expresar mis ideas con la firmeza con la que a tantas mujeres he visto hacer formando su cuerpo en base a sus pensamientos y no al revés. Aprendo tanto de vosotras, aprendo tanto de mi.

Esa mujer idílica es de la que estoy dispuesta a enamorarme, aunque quizá ya lo esté, por eso cada día fantaseo con ella, con nuestro futuro. Tiene mi naturaleza, ya que ésta no la he encontrado en nadie que no sea en estas manos.

Volveré tan fuerte que, y tan viva cuando, y entonces ya no. Y solo cuando sea Mujer mi cuerpo conseguirá alcanzar algún sentido. Hasta entonces mi cuerpo son mis manos. 

A veces me da la sensación de que me estoy exigiendo demasiado, ¿a penas llego a tomar impulso para levantarme de la cama algunos días y quiero romper con todo lo que llevo imponiéndome social, familiar y sistemáticamente durante años? Qué locura.

Entonces me receto calma porque la Mujer a la que espero amar ya ha aprendido a ser paciente, a diferencia de quien sostiene estas manos. No la deseo desde la visión infante de quien sueña con quién querrá ser cuando crezca; si no, es la necesidad abstracta que, precisamente estas manos, han dibujado y desdibujado cada día desde que mi uso de razón me permitieron hacerlo, y que, seguirán con ese traqueteo incesante porque el cambio continuo, para mí, es vital. ¿Qué sería de mí si me mantengo cada día de mi vida con la misma mirada? Te lo diré, se apagaría el sol.

Aunque mi exigencia es una parte de esa vitalidad, escondida, recóndita, que me ha llevado a y me ha traído de. Y doy gracias por ello. Me siento agradecida, incluso bendecida, hasta por la Bruma.

Quiero que la conozcas, eres cómplice inconsciente. Quizá sea esa la razón por la que quiero regalarte todas estas flores que me crecen. Son lo más real que podré demostrarte. Al menos por el momento.

No me gustaría morirme sin enamorarme de ti, mi negro, como tampoco sin enamorarme de ella.

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