11 de Mayo

 

Dediqué tiempo y lo que suponía un gran esfuerzo en sentirme bonita, imagino que como muchas mujeres a lo largo de su vida. Lo que supongo pasa desapercibido en muchas ocasiones es el modo en el que una mujer invierte esos valiosos momentos entregándose a una causa que posiblemente no la parezca tan importante, y, al menos en mi caso, el por qué centrar mi atención en un objetivo que no quería realmente, pero del cual me servía para no ver, ni a mi ni lo que había a mi alrededor. Si tuviera que explicarlo de un modo sencillo podría decirse que lo que no quería era escuchar, pero en lugar de taparme los oídos no paraba de centrar mi vida a mis ojos.

Dediqué mucho tiempo en comprometerme con una causa que no quería, y desde entonces siento que muchas de las decisiones que he tomado han sido compromisos a los que tampoco quiero dedicar mi vida. Algunos días hasta parezco el espectador de Otra que mueve los hilos, a la que me encantaría gritar en la cara, pero me siento tan lejos de aquella escena que me limito a mirarla actuar, sin más queja que el llanto sordo que dejo escapar, últimamente más en lugares públicos antes que en la intimidad, porque a los desconocidos no hay que explicarles el por qué las lágrimas han desdibujado cualquier rasgo en tu cara. 

No logras ser la protagonista de la historia que te cuentas, pero si la víctima de cada palabra del guion. La misma historia que te llevas contando tanto tiempo que creer en otra circunstancia o en un futuro distinto pareciera ciencia ficción. Continuo en mis trece porque sigo siendo una mera espectadora de una historia que ni siquiera me he atrevido a contar, mucho menos aceptar el hecho de que haya sido así el paso del tiempo y aquellas decisiones que no siento como mías. 

Responsable de una mujer valiosa a la cual no dejo formar parte de mi vida, y de una niña a la cual no calmo su llanto, pero, sobre todo, autómata de un papel que no me deja tumbarme al lado de la persona que amo sin sentir que estoy tan lejos de él como antes de llegar a tocar sus manos. Es precisamente el sentir que no alcanzo por lo que me levanto corriendo de la cama sabiendo que pasara otro día en el que sentiré que te he abandonado porque estoy tan ocupada procurando centrarme en algo concreto que acabaré por no dedicarme a nada. 

Sabiendo que podría ser capaz de decirte lo que siento, me conformo con escribirlo y que solo lo supongas, sabiendo que a ti eso podría valerte, olvidando entonces que, expresarme mas que por ti, es para mí. Sigo posponiendo cualquier acto de fe en mí, incluso en nosotros, solo por no dejarme hablar.

Yo no quiero ser un cuerpo, pero formar parte de uno me ha permitido existir hasta el punto de sentir como acercas tus labios mientras duermo para comprobar si me he despertado ya. 

Es cierto que nunca he querido serlo, pero tener un cuerpo me permite sentir y experimentar incluso los detalles más insignificantes recordándome que será mi cuerpo el que durante toda mi vida formará parte de mi Libertad. No necesito de más manos a las que acogerme para lograrlo que estas mismas que me permiten mostrarme. 

Yo no quiero ser el cuerpo que he sido, ni seguir contándome la historia en la que me veo cada día, porque no es lo que soy y posiblemente tampoco es lo que he sido, hasta habiéndomelo creído tan concienzudamente. Posiblemente hoy tampoco quiera ser las decisiones que he tomado, ni los momentos que he vivido. Hoy no me gustaría estar en esta piel y lo siento, no es por quién soy, es directamente por no estar siendo y es este lamento atroz que me consiento quién me hace olvidar en qué momento no me es suficiente con mirarte porque hace mucho que no te veo verdaderamente contento.

Mas allá de mis ojos existe una grandísima Mujer a la que me gustaría mostrarte, solo espero llegar a verlo. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Para no olvidarte

No hay milagro posible sin fe

Son solo palabras